
" El simple hecho de tener valor para decir las cosas sin sentido empezó a ponerme eufórica. Yo era libre, no necesitaba buscar o dar explicaciones de mis actos.
La alegría me invadía, me inundaba, era más fuerte que todos los miedos y que mis certezas mezquinas, que el intento de controlar cada segundo de mi vida. "
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